Ayer fui a ver Pina, de Win Wenders, en 3D. La película tiene imágenes bellísimas, pero como cada vez que veo una película en 3D, no puedo evitar plantearme algunas cuestiones sobre el formato. Creo que es evidente que todavía falta mucho para que aparezcan películas que exploten al máximo las posibilidades de esta tecnología. Independientemente del debate sobre las consecuencias que podría traerle a la salud, encuentro por lo menos 3 grandes problemas relacionados con la distribución, con el arte y con el propio medio.
El tema con la distribución básicamente tiene que ver con los subtítulos. En Argentina, como en muchos otros países, las películas habladas en lengua extranjera, con excepción de las infantiles, se subtitulan. Si bien los subtítulos siempre son un obstáculo para apreciar una película (porque al atraer la atención hacia una pequeña parte de la pantalla y exigir esfuerzos intelectuales en la lectura distraen al espectador) en el caso del 3D me parece que es mucho peor, porque, al menos en todas las películas que yo vi, se trata de un texto 2D superpuesto a las imágenes tridimensionales. O sea, atenta contra el efecto 3D, se hace evidente el límite de la pantalla rectangular sobre la que se proyectan las imágenes y los subtítulos. Se llama la atención sobre la planitud y se desmantela el hechizo tridimensional.
Creo que deberíamos cambiar radicalmente nuestra concepción de los subtítulos. Hay que pensarlos como parte del arte de la película y dedicarles tantos esfuerzos creativos como al guión o la fotografía. Los subtítulos deberían ser también 3D y estar integrados con la película “original” como un todo indisociable. Es posible que algunas compañías hayan comenzado a avanzar en este sentido, no lo sé.
Respecto del arte, por razones cronológicas es obvio que los directores que ahora están incursionando en el 3D tuvieron su formación cinematográfica con el 2D. Muchos de los planos que conocemos y que estos directores estudiaron y pusieron en práctica no sirven, en mi opinión, para el 3D. Caso paradigmático, el primer plano. Cada vez que se me aparece un primer plano en una película 3D, lo primero que me salta a la vista es el marco de la pantalla rectangular. Si el 3D busca cuestionar los límites mostrando imágenes que “salen” de la pantalla, los planos que muestran un cuerpo recortado ponen el énfasis justamente en lo contrario: en el límite de la pantalla, en el marco bidimensional que “contiene” (y recorta) las imágenes. En el 3D sigue presente lo que Peter Greenaway llama la “tiranía del marco” (http://www.egs.edu/faculty/peter-greenaway/articles/have-we-seen-any-cinema-yet/ ), o sea, el hecho de que las imágenes que percibimos están encerradas en un recuadro más o menos grande, pero siempre limitado y visible en una sola dirección.
Si bien está claro que el marco resulta imprescindible en este tipo de cine y que, por consecuencia, las imágenes siempre sufrirán algún recorte, creo yo que éste resulta mucho más evidente cuando es el cuerpo humano el que aparece fraccionado. Cuando se fraccionan objetos no tan cotidianos, o el suelo, etc, pero se percibe el cuerpo humano en su completud, las limitaciones de la pantalla pasan más desapercibidas.
En cuanto a los problemas con el medio, supongo que depende mucho de las tecnologías de captura, tratamiento y proyección de las imágenes. Pero muchas veces da la impresión de que el 3D en realidad consiste en imágenes 2D superpuestas con cierta profundidad. O sea, la relación entre los objetos resulta tridimensional, pero todavía no parece que cada objeto tenga una corporeidad tridimensional. A veces es como esos libritos infantiles con imágenes planas de cartón que se levantan a diferentes alturas produciendo un efecto de profundidad que no deja de hacer evidente el hecho de que cada una de las imágenes que componen la escena es plana.
El tiempo dirá si el 3D llegó para revolucionar el cine como lo hicieron el color y el sonido en la primera mitad del siglo XX, o si por el contrario se trata de una moda pasajera como lo fue el Cinerama o el Polivisión. Pero en cualquier caso está claro que todavía falta mucho para que se desarrolle la técnica de un cine auténticamente 3D.