La mitad del Sahara (ni reyes ni laberintos)
Si te parás en la exacta mitad del Sahara, mires para donde mires, sólo vas a ver arena. Yo lo comprobé. No sé si era la exacta mitad, pero era alguna mitad. La mitad de la mitad no deja de ser una mitad. Repitiendo la misma fórmula llegamos a que todo punto del Sahara es una mitad. Una línea es una sucesión infinita de mitades. Lo dijo Aquiles mientras perseguía a la tortuga. El Sahara es igual. El problema es llegar a la mitad del Sahara. Muchos hombres lo han intentado. Los mediocres caminan dos pasos desde Zagora y gritan “Estoy en la mitad de la mitad de la mitad de la…” nadie se toma el trabajo de corroborar la veracidad de su afirmación y se adjudican la hazaña. Sin embargo, yo sé que hubo quienes se situaron en la exacta mitad del Sahara sin trucos, sin sofismas, sin divagaciones. Se pararon en el medio y miraron. Infinito para todos lados, nada más. El sol se cae del mundo, me contaron. Yo lo vi, pero no era la mitad. Era una mitad, no la exacta mitad. De todas formas el sol se caía del mundo. Pero no había infinito para todos lados. Nomás para algunos.
Hay gente que vive en el Sahara. No sé cómo hacen para no perderse entre tantas mitades.
Breve historia de la escritura
La escritura no existió siempre. Por ejemplo, no existía antes de la aparición del primer hombre. No existía tampoco antes, en la era paleolítica. Nació, como todo ser vivo, se desarrolla y morirá. Ninguno de nosotros va a vivir para ver ese momento. Por más optimista que sea respecto de la perpetuidad de estas líneas, me resulta difícil imaginar su lectura después de la muerte de la escritura. Escritura y lectura son dos mitades de un mismo acto. Nunca se podrá comprobar la muerte de la escritura ni la de la lectura por la sencilla razón de que cuando llegue el momento, no habrá forma de saber de qué se trataban tales operaciones. A lo sumo se podrá atestiguar su agonía. A nosotros nos parece que las letras existieron siempre, tan asimiladas las tenemos. Casi como el trazo, el garabato, la coca-cola. Todo eso lo inventó alguien. Un genio. Como todo genio, el inventor de la escritura fue olvidado. Hoy ya nadie recuerda su nombre. Millones de años atrás era una celebridad comparable a Maradona. Con el tiempo todo se olvida y lo mismo sucederá con Maradona, con Einstein, con Sócrates. En un par de centenares de años ya nadie leerá a Sócrates. El mundo cambia, evoluciona. La escritura es sólo una moda dentro de una cadena infinita. Como las pinturas rupestres. Modas. Hoy está de moda la computadora. Hace cincuenta años (ya no digo setenta y cinco) nadie hubiera imaginado que el papel iba a desaparecer. Sin embargo ¿quién usa hoy un cuaderno? La computación destruyó la escritura artesanal y en breve destruirá toda clase de escritura. Las grabaciones sonoras serán el soporte de los libros del futuro. ¿Para qué quemarse los ojos leyendo el Quijote si Cervantes nos lo puede contar en persona? Las novelas del futuro vendrán con un clon del autor que nos explicará qué quiso decir con esto y con aquello, y entonces sí podremos dedicarnos al estudio de la botánica. Mientras tanto sueño.
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