lunes, noviembre 14, 2011

Red social

  Mucho se ha comentado sobre la admiración de Mark Zuckerberg por la literatura de Borges, en particular por sus ensayos. Es poco sabido, sin embargo, que durante su primer año en Harvard, en un descanso del estudio, Mark leyó: “Actualmente, el género policial ha decaído mucho en Estados Unidos.” Y después leyó: “Se ha olvidado el origen intelectual del relato policial.”
  El joven Zuckerberg también estaba cansado de los detectives de policial negro, siempre metiendo sus narices en el barro, siempre detrás de algún oscuro personaje, ávidos de averiguarlo todo. A Mark, como a Borges, le gustaban los detectives clásicos, los Auguste Dupin, los Sherlock Holmes. Fríos, distantes, matemáticos, puro cerebro, pura deducción. Sacar fotos, revisar archivos, descubrir infidelidades, escuchar conversaciones ajenas le parecían a Mark ocupaciones indignas de un detective. El verdadero detective, en su opinión, investiga poco y deduce mucho.
  ¿Cómo volver al policial clásico? Se preguntaba Mark. ¿Cómo hacer inútil la labor del detective de policial negro al punto de que todos sus esfuerzos investigativos queden reducidos a un ademán absurdo? ¿Cómo ridiculizar al investigador que se juega la vida para obtener el mínimo retazo de información?
  Y entonces, en homenaje a Poe y a Conan Doyle, inventó Facebook.

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